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Cuaresma, un tiempo de gracia



08 de Marzo de 2014
Redacción
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Artículo de Francisco de Paula Piñero ss.cc., párroco de la Parroquia Virgen del Camino de Málaga, sobre el tiempo de Cuaresma, publicado en el blog parroquial.


El miércoles, 5 de Marzo, Miércoles de Ceniza, hemos comenzado la Cuaresma de este año 2014. Hay quien se pregunta si la Cuaresma conserva sentido en nuestro mundo moderno y mi respuesta es que sí. Pienso, que para los cristianos, tiene más que en tiempos menos secularizados. Son cuarenta días en los que la Palabra de Dios nos invita a convertirnos y a profundizar en cuatro actitudes fundamentales para un creyente y, por tanto, para nosotros, miembros de la Parroquia Virgen del Camino, de Málaga.

La primera es la búsqueda del rostro de Dios en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios y en la vida diaria. La esencia del Evangelio consiste en descubrir que Dios nos ama y que, en la persona de Jesucristo, ha entrado en nuestra historia para hacernos hijos en el Hijo y partícipes de su vida. El primer desafío que tenemos ahora los cristianos consiste en descubrir a Dios y vivir en su presencia. Necesitamos contemplar con una mirada nueva y agradecida la belleza y la santidad de Dios. Pero, esta búsqueda de Dios requiere para nosotros espacios de oración personal, familiar y comunitaria.

Además de esta actitud de búsqueda del rostro de Dios y de su presencia en la vida diaria, la Cuaresma nos invita a reavivar nuestro bautismo y acrecentar nuestro amor a Dios y a las personas. Un amor que comienza en el hogar con la actitud de escucha a todos y a cada uno de sus miembros, que se prolonga en el lugar de trabajo, en la vida diaria, en la Parroquia y que invita a descubrir un hermano en toda persona que se cruza en nuestra vida. De manera especial, en los que sufren, que son los preferidos del Señor. Ese amor procede del Espíritu Santo que se nos dio en el Bautismo y requiere un entrenamiento diario. Unas veces, para compartir lo que tenemos; otras, para servir a los demás; y siempre, para que nuestro corazón se sienta afectado por la presencia del otro. Porque el amor evangélico tiene que ser afectivo y efectivo. Si faltan las obras, no es verdadero amor, como decían ya nuestros mayores, aquello de que “obras son amores y no buenas razones”. Pero, si falla la cercanía del corazón, las obras aparentemente más generosas no son una respuesta evangélica (cf. 1 Co 13,3).

La tercera actitud a la que nos invita la Cuaresma es la autenticidad evangélica, que se consigue cuando convertimos nuestra vida en puro don. Pero nadie puede darse si no se posee previamente, si no es dueño de sus actos. El Señor pudo darse en sacrificio en el Calvario, porque era verdaderamente libre de todo tipo de cadenas. Me refiero a las cadenas interiores como son el egoísmo, la envidia, el orgullo, el afán de protagonismo, los rencores y cosas por el estilo.

La cuarta actitud a la que nos invita la Cuaresma es que es un tiempo de reconocer nuestros pecados. En nuestro interior sabemos que somos pecadores. No vivimos como querríamos. No hacemos todo el bien que deberíamos hacer. Nos puede el egoísmo, la comodidad, el resentimiento, el falso respeto a la opinión de los demás. Nuestra verdad es lo que somos delante de Dios. Ésa es la medida verdadera de nuestra justicia y del valor de nuestra vida. Y del contraste entre lo que Dios quiere de nosotros y lo que de verdad somos, surge el arrepentimiento, la invocación, el buen deseo, el cambio de vida, la renuncia al mal y el crecimiento en las buenas obras. Para conseguirlo necesitamos la ayuda de Dios, una ayuda que es iluminación interior, clarividencia, fortaleza, confianza, motivaciones, libertad verdadera y amor eficaz. Si nos acercamos a Dios, sacaremos la conclusión de que tenemos que ser mejores, más verdaderos, más justos, más generosos, más cumplidores de nuestros deberes, más dedicados a las cosas de Dios y de la Iglesia, más atentos al bien de los demás. Antes de que la Cuaresma termine todos los miembros de la Parroquia tendríamos que tener escritos unos cuantos compromisos sinceros y realistas.

Pero, no olvidemos que para vivir la Cuaresma bien no hay que hacer nada extraordinario. Basta con hacer mejor lo que es ordinario en la vida de todo cristiano. Ante todo, orar. Tenemos que buscar un tiempo para orar cada día, aunque sean unos pocos minutos. La Celebración de la Eucaristía dominical y, si es posible diaria, tienen que ser verdaderos encuentros con el Señor en el fondo del corazón y un acercamiento real y verdadero a las necesidades del prójimo. ¡En todo esto nos jugamos la calidad de nuestra fe cristiana!

Cada uno hemos de preparar una buena celebración del Sacramento del Perdón, que sea un sincero reconocimiento de nuestros pecados ante Dios y ante la Iglesia, una liberación del corazón, el punto de partida de una vida más religiosa, más fraternal, en una palabra, más santa. Y por último, hay que procurar que los compromisos personales alcancen la verdad de las buenas obras, obras de caridad y de misericordia, de justicia y de generosidad.

Nuestros mayores sintetizaban las actitudes de Cuaresma en oración, limosna y ayuno. O lo que es igual, apertura a la presencia amiga de Dios, práctica realista de la fraternidad evangélica y dominio de sí mismo para encontrar la propia libertad. Son actitudes que no han pasado de moda y que se pueden vivir también en el siglo XXI. ¡Como miembros de nuestra Parroquia Virgen del Camino, en Málaga intentemos vivirlas y demos testimonio de ellas!

Os invito a todos a buscar con pasión el rostro de Dios durante esta Cuaresma, para celebrar con gozo la Vigilia Pascual, la Pascua del Señor. En un mundo tan rico como el nuestro que, sin embargo, está falto de amor, de alegría y de esperanza, los cristianos estamos llamados a buscar ese sentido que da plenitud a nuestra vida. Los que tenemos una fe viva siempre podremos alimentarla con la presencia de Dios en la celebración de la Eucaristía.

La Santísima Virgen María, Nuestra Señora del Camino, Modelo y Madre de los cristianos, nos acompañe a todos en esta peregrinación hacia el encuentro con el Señor en el día grande de la Pascua, en la Pascua verdadera de la gloria eterna. Hagamos que esta Cuaresma sea de verdad un tiempo de renovación espiritual y de reforzamiento apostólico para toda la Parroquia.

Comencemos humildemente por nosotros mismos.

Vuestro párroco hermano,

P. Francisco de Paula Piñero y Piñero, SS.CC.

 
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