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Nueva reseña del libro de San Damián de Jan de Volder



07 de Marzo de 2014
Redacción
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Publicamos una nueva reseña del libro de Jan de Volder: "San Damián de Molokai. Un santo para nuestro tiempo", editado hace unos meses por San Pablo. Es del Boletín Bibliográfico del Archivo Teológico Granadino nº 76 (2013) y lo firma su director, Antonio Navas.


Jan de Volder es historiador, periodista y paisano del apóstol de los enfermos de lepra, san Damián de Veuster. En esta biografía pretende específicamente adentrarnos en el paisaje humano y espiritual que rodeó la vida de san Damián en Molokai. Presta especial atención a los sentimientos y opciones a las que hizo frente el misionero belga, transmitiéndonos lo que vivió y sintió, poniendo especial empeño en darnos a conocer la pasión que animó siempre la existencia de Damián, como sacerdote, él que había admirado desde niño la figura de san Francisco Javier, que fue el gran inspirador de su labor misionera.

Más que entretenerse en describirnos los paisajes natales del santo o de la isla Molokai, en la que se entregó por completo a los enfermos de lepra, nos ofrece el paisaje espiritual del sacerdote misionero, capaz de afrontar la dura realidad de convivir con unos enfermos que se iban desintegrando poco a poco. Con ello muestra la belleza de la realidad interior del hombre, que nunca pueden desfigurar ninguna enfermedad, ninguna deformidad ni ninguna debilidad.

Para que el lector de nuestros tiempos pueda hacerse cargo mejor de la gesta llevada a cabo por el padre Damián, lo enmarca en su contexto histórico y eclesial, tratando de ir al fondo de su alma, al espíritu que lo mueve, que no es otro que el amor de Dios, motor de su vida cristiana y misionera, perfectamente integrado en el carisma de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Podría haberse quedado en lo que más se resalta en nuestra época, en los valores sociales o humanitarios del misionero, pero ha tenido el gran acierto de ir directamente hasta el Damián religioso, haciendo alusión a características tan suyas como el valor de la adoración a Dios y la devoción a la Eucaristía.

La fuente de inspiración para esta biografía, la ha buscado el autor en las semblanzas del santo que ya existían, así como en los documentos oficiales producidos por el largo proceso de canonización por el que ha pasado su figura. También ha estado en contacto con el postulador de la causa durante muchos años, con los encargados de los archivos del Centro Damián, de Lovaina, y con los archiveros de la Casa General de los Sagrados Corazones en Roma. Las cartas del padre Damián son utilizadas con una gran soltura y relaciona su persona con otras de gran relieve como Gandhi, Raoul Follereau, sor Emmanuelle o la madre Teresa de Calcuta, todas ellas dedicadas a los desheredados tal y como él hizo en su vida. No es éste un libro para ser asimilado de forma pasiva; en él encontrará el lector preguntas y respuestas, quedará interpelado por lo que este hombre supo vivir y acabará haciéndose cargo de una amplia visión panorámica de la fisonomía interior del padre Damián. Para completar lo que aquí se cuenta habría que referirse ya a la edición completa de su correspondencia. El autor, además de aludir a ello, hace referencias útiles en este volumen a películas y sitios web, que evocan de una manera u otra al protagonista de esta semblanza.

Queda muy claro que, en el entorno de Molokai, símbolo como pocos de la humanidad doliente, el padre Damián supo alcanzar la felicidad propia y la de sus hermanos enfermos. Un aspecto poco conocido de su misión fue la dimensión ecuménica de su apostolado. Siempre trató con consideración a las demás confesiones cristianas y nunca preguntó a un enfermo a qué religión pertenecía. Fue amigo sincero de protestantes como el pastor anglicano Hugh B. Chapman o el pintor Edward Clifford, y contó con la admiración del famoso novelista Robert Louis Stevenson. La fidelidad del autor a las fuentes lo lleva a no ahorrar aspectos delicados de la vida del padre Damián como la relación con sus superiores, el contagio de la enfermedad o la dureza de la soledad. No fue por la enfermedad, por lo que más sufrió el padre Damián, sino por la incomprensión de las autoridades religiosas y civiles de su tiempo. Todo el éxito que él aceptó, y que aceptó solamente por los beneficios que esa publicidad procuraba a sus enfermos, le ocasionó incomprensión y contratiempos, que duraron hasta su muerte. Podría haber tomado muchas más precauciones para no contagiarse de la enfermedad, pero prefirió no hacerlo, porque deseaba compartir en todo la existencia de los leprosos. Entre las cosas que llaman más la atención de su vida están: la intensa cobertura por parte de los medios de comunicación y que él aprovechó en beneficio de sus enfermos; el reconocimiento de su labor fuera de su ambiente religioso e ideológico; la relación no siempre armónica con las diferentes autoridades; ser una persona considerada como escandalosa o como sujeto de supuestas revelaciones. Se puede decir de él que fue el primer santo mediático, así como que su testimonio sigue siendo tan válido en nuestros días como en los años en los que le tocó vivir. Gran trabajo de Jan de Volder, que nos acerca de manera certera a lo mejor de Damián de Veuster, del admirado padre Damián.

 
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