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Un mensaje revolucionario



23 de Febrero de 2014
Redacción
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Comentario al evangelio dominical, de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.


(Foto de Rafael Núñez Ollero)

Después de escuchar el evangelio de este domingo, no es difícil ver a Jesús como un verdadero revolucionario, incluso entre los suyos, los de su mismo pueblo y religión.

Cuando los judíos narraban la historia del pueblo elegido a sus hijos, nunca dejaban de contar el paso milagroso por el mar Rojo. Por iniciativa de su Dios, todos sus enemigos habían quedado anegados en el mar. No era, pues, de extrañar que en tiempos de Jesús, los judíos rezaran: «¡Dios de la venganza, Yahvé, Dios vengador, manifiéstate! ¡Levántate, juez de la tierra, y da su merecido a los soberbios (los romanos)!».

Jesús habla un lenguaje nuevo y sorprendente. Su Dios no es violento, sino compasivo; “no acribilla a sus enemigos” ni “toma venganza de las naciones”, como, con excesiva frecuencia leemos en los salmos. ¿No sería mejor olvidar estas expresiones como una experiencia religiosa superada por Jesús?

El poder del Dios de Jesús se manifiesta en su compasión incondicional y en su bondad hacia todos. «Hace salir su sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos». No limita su amor a los que le son fieles. No reacciona con el castigo. Manifiesta su poder en el perdón.

Hoy nos dice Jesús: «No seáis enemigos de nadie, ni siquiera de quien es vuestro enemigo. Pareceos a Dios».

Por eso nos pide: Orad por vuestros enemigos. Cuando hemos conocido a Jesús, nunca se nos pasará por la imaginación invocar a Dios para que castigue, como a veces decimos, a los “malos”, “corruptos”, “terroristas”. Le diremos a Dios: “Cambia sus corazones para que cambie su vida y la de nuestra sociedad”. Orar por los enemigos es entrar en la corriente de bondad de nuestro Dios. Un verdadero creyente en Jesús no puede tener a nadie como enemigo ni ser enemigo de nadie.

Jesús habla del algo tan sencillo como el “saludo”. Saludad a todos sin distinción alguna. ¡Hermoso testimonio el de los cristianos cuando saludamos con amabilidad a cuantos nos encontramos por la calle: españoles, marroquíes, sudaneses, colombianos, cristianos, musulmanes…! Distintas procedencias, distintos credos, distintas culturas. Pero, todos hermanos e hijos de un mismo Dios y Padre.

 
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