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¿Nos propone Jesús utopías inalcanzables?



16 de Febrero de 2014
Redacción
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Comentario al evangelio dominical de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


El texto evangélico de hoy, al igual que el del domingo pasado, pertenece al Sermón de la Montaña. Nos dice Jesús que él ha venido a dar plenitud a la ley del Antiguo Testamento y nos pone el listón de la perfección tan alto que nos señala nada menos que esta meta: Sed santos como vuestro Padre del cielo es santo.

Para ayudarnos a tender hacia ese ideal nos pone varios ejemplos (de los que hoy hemos escuchado tres), precedidos de esta antítesis: Habéis oído que se dijo a los antiguos…, pero yo os digo... En el primer ejemplo Jesús nos sitúa en el ámbito de las relaciones fraternas. Nos recuerda el “no matarás”, señalándonos que este mandamiento no se refiere sólo a la muerte corporal. Hay otras muchas formas más sutiles de “matar”: el insulto, la descalificación, el falso testimonio, la difamación, la crítica malintencionada, el enfrentamiento…, que van minando y matando lentamente al hermano. Además Jesús nos urge al perdón y a la reconciliación con el hermano: Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. La reconciliación con el hermano es, pues, una condición para participar en la Eucaristía, sin ella no es posible la reconciliación con Dios.

¿Nos está proponiendo Jesús una utopía inalcanzable?

Seguidamente Jesús nos habla de la relación entre los esposos. La ley judía permitía el divorcio. Autorizaba al marido repudiar a la mujer por cualquier motivo, incluso a veces de lo más inconsistente, ya que la mujer era considerada como objeto y posesión del marido, algo de lo que podía disponer a su conveniencia. El divorcio era un derecho del hombre. A la mujer repudiada no le quedaba otra salida que volver a la casa paterna con el deshonor que ello comportaba para toda la familia.

Esta ley, lógicamente, coaccionaba a la mujer a mantenerse en completa sumisión al marido. Contra este machismo imperante reacciona Jesús y, como aparece en otro pasaje también de san Mateo (19,1-12), nos recuerda el ideal del matrimonio querido por Dios: la unión por amor del hombre y de la mujer, imágenes ambos de Dios y creados iguales en dignidad.

Esta visión del matrimonio es en verdad liberadora para la mujer. El matrimonio cristiano es una alianza incondicional por amor entre un hombre y una mujer creyentes, reflejo del amor que Cristo tiene a su Iglesia, como dice san Pablo.

¿Nos está proponiendo Jesús una utopía inalcanzable?

En tercer lugar Jesús habla de las relaciones en la sociedad. Parece ser que éstas habían degenerado y reinaba un clima de gran desconfianza. No valía la palabra dada; era necesario avalarla con juramento.

Esta situación se repite hoy en día. Jesús nos invita a conseguir una sociedad diferente; una sociedad en la que reine un clima de sinceridad, de gente fiable y de palabra, que no anden con engaños ni ocultamientos, que no defrauden ni busquen escapatorias para cumplir con sus deberes cívicos y sociales.

Jesús nos quiere ciudadanos íntegros, que baste nuestro sí o nuestro no para ser creídos.

Hoy se habla mucho de trasparencia. Es difícil conseguirla; pero, si siguiéramos la recomendación de Jesús, seguro que estaríamos caminando hacia una sociedad clara y trasparente.

¿Nos está proponiendo Jesús una utopía inalcanzable?

 
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