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Compartiendo vida y decisiones



08 de Febrero de 2014
Redacción
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El Encuentro de comunidades de adultos de la Parroquia de los SS.CC., de Sevilla, celebrado el pasado domingo, sirve cada año para que más de 80 personas se reúnan para analizar la vida personal, de los grupos y comunidades y de la misión de las mismas. A continuación, dos miradas para contarnos lo vivido.


La crónica del periodista: Armando Rotea

Partimos del Cine. La película “De Dioses y Hombres”, ha servido para profundizar este año en las grandes decisiones que tomamos así como las herramientas que utilizamos para llevarlas a cabo. En el entorno del Encuentro anual de adultos que se va consolidando año a año, las 14 comunidades que forman parte de la Parroquia de los SS.CC. han buscado respuestas a las distintas preguntas que la vida cristiana presenta, de forma individual y también comunitaria, para hacer frente a las mismas desde la experiencia de Dios.

La jornada comenzó con una oración comunitaria en la que se recordó que cada miembro es don de Dios, y que ello nos obliga a buscar lo mejor del otro, y a cuidar lo menos perfecto del hermano. A partir de ahí se hizo un recordatorio de la película francesa “De Dioses y hombres” a cargo de Manolo Perales, que ayudó especialmente a los que no habían visto la misma a situarse sobre el escenario de la difícil y compleja situación que vivieron aquellos monjes en un entorno de turbulencias tanto dentro de si mismos como fuera del monasterio.

Luego se ofreció un espacio para compartir por grupos la experiencia personal y comunitaria relacionada con el discernimiento y la misión de las personas como creyentes y miembros de una comunidad: herramientas y papel de la comunidad en las decisiones de nuestra vida, y grado de apertura en la misión de la propia comunidad.

Conclusiones. Ante esto las principales conclusiones de los grupos estuvieron orientadas a constatar por encima de todo que la Comunidad era el “acompañamiento semanal” de la fe, espacio en donde se bebe para decidir o a veces se tiene para volcar lo decidido, pero en cualquier caso referente clave y muchas veces vinculante para hacer o no, para elegir o no, los caminos que la vida continuamente nos ofrece.

Las comunidades caminan en función de unas costumbres y herencias adquiridas que plantean matices en función de que sean grupos procedentes de comunidades juveniles o se hayan formado ajenas a esa historia. Las primeras viven más sistemáticamente los momentos de proyección, compartir la vida o revisión…

Compartir la vida está en el adn de las comunidades y es común buscar los espacios adecuados para hacerlo, en muchos casos aunque esto suponga parar en seco los ritmos semanales, o buscar espacios “lúdico-festivos” donde haya posibilidad de contar y escuchar… En cualquier caso sí se ve clave la rutina, la asistencia continua que permite a los miembros ver evoluciones, ascensos y caídas de unos y otros, aunque a veces nos cueste concretar la ayuda mutua con una corrección fraterna firme y sanadora, y se convierta más en una acercamiento “light” a la realidad del otro.

El tercer gran bloque tratado ha hecho referencia a la misión, aquella que no sólo –según los grupos- mira la realidad “de fuera”, sino que se queda con la misma intensidad cuidando de las personas de la comunidad que necesitan de nosotros, o que basa en las difíciles relaciones familiares su hoja de ruta. No obstante la misión de muchas se acercan a los entornos laborales con el propósito, no siempre conseguido, de evangelizar, o en diferentes voluntariados en los que están inmersos sus miembros, y, sobre todo, en el alto nivel de participación parroquial que existe en la actualidad: pastoral de futuros matrimonios, catequesis de niños, jóvenes y adultos, trabajo con mayores, cáritas, coros parroquiales… En esta misión también está presente el compromiso económico que todas las comunidades mantienen con distintas acciones que posibilitan y multiplican la labor humana que se realiza dentro y fuera de la Parroquia. No obstante, ha habido debates que giraban en torno a si toda la comunidad debe tener la misma misión, o si esa misión era necesariamente un voluntariado… Estar atento a lo que ocurre alrededor es clave para que la misión sea completa. Por eso se apuntó la necesidad de crear un medio de comunicación parroquial que ayude a visualizar y compartir estas realidades.

Y para finalizar este bloque el P. Julio redondeó como siempre “al alza”, destacando entre otras cosas:

- la riqueza de la experiencia comunitaria, como espacio que nos ayuda en la búsqueda del querer de Dios. Como lugar donde escuchamos las voces de Dios que nos vienen…

- que las comunidades tienen la gran misión de proyectar la vida cristiana de sus miembros para que se transformen en escala de valores que cada día deben contagiarse y anunciarse al mundo…, de tal manera que si la experiencia comunitaria no mejorase los espacios cotidianos que todos tenemos, sería como vivir en las nubes…

El día terminó con una Eucaristía que sirvió para inaugurar la nueva capilla construida debajo de la planta de la parroquia, en la que las distintas comunidades prepararon momentos y fue amenizada una vez más por el coro parroquial y posterior comida de convivencia en los salones del colegio.

Una crónica con sabor a testimonio:

Susana Chacón

La mañana es brillante y tentadora, pero la sala en la que estamos citados y a la que entro tarde por cierto, está repleta. Repleta de adultos, con sus mil y una circunstancias, dispuestos a compartir sus experiencias como miembros de los grupos de los que formamos parte. Buscamos la forma de vivir la fe en compañía e intentamos crecer con las aportaciones y las experiencias de los otros.

Pasados los largos minutos de cortesía, hacia las 10.40h, una breve oración compartida nos pone en disposición de ver el extraordinario resumen de la película “De Dioses y Hombres” elaborado para la ocasión. Treinta y cinco silenciosos minutos en los que nos sumergimos en la vida de los heroicos frailes protagonistas, en el proceso que les lleva a tomar decisiones vitales tras una reflexión pacífica, acompañada, consensuada y ante todo guiada por lo que Dios quiere y por el bien de los demás.

Aún sobrecogidos por la emotividad de las imágenes proyectadas, nos dirigimos a cada uno de los grupos de los que seremos miembros por un rato. Los siguientes 40 minutos, los que nos llevarán hasta las 13.20h., los ocuparemos en dialogar sobre “cómo decidimos nosotros”, qué herramientas usamos y cómo influyen nuestras comunidades en ese proceso. En fin, tiempo para conocer mejor los heterogéneos grupos de la Parroquia en la que vivimos nuestra Fe.

Tras una breve puesta en común de las conversaciones mantenidas en los grupos, desfilamos con cara de asombro por las nuevas instalaciones de la Parroquia hasta la nueva capilla, donde todos juntos celebraremos este domingo la Eucaristía. Por el pasillo se nos han unido los niños. Sus juegos silenciosos, sus miradas divertidas aportan un valor añadido a esta celebración.

Y así rondando las 14.30h, como remate de esta bonita mañana nos reunimos, esta vez de forma más distendida y ruidosa, en torno a las mesas del comedor, para compartir placeres más mundanos, como una buena comida regada con una copita de vino.

     
 
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