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"Un nuevo mundo, proyecto común"



06 de Febrero de 2014
Redacción
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Artículo de José Miguel Santos, de la Parroquia Virgen del Camino, de Málaga, con motivo de la Campaña de Manos Unidas. Más abajo podéis ver también el vídeo de la misma.


Un año más, por el mes de febrero, Manos Unidas nos acerca el drama humano de los países empobrecidos: “hoy, 842 millones de personas pasan hambre. Es un escándalo que no podemos consentir. Está en nuestras manos ofrecer soluciones para que se cumpla este derecho fundamental para todos”. Éste es el mensaje central de la Campaña LV, cuyo lema es: UN MUNDO NUEVO, PROYECTO COMÚN.

En estos países habitan hermanos nuestros que carecen de las necesidades básicas para un desarrollo humano integral. No podemos acostumbrarnos como si fuera parte del sistema. Este drama humano es un acontecimiento que clama a nuestros oídos, que nos llama a una conversión personal y social. Como acertaba a decir con lucidez el padre Ellacuría: “La exterioridad del Tercer Mundo descubre y denuncia la interioridad del Primer Mundo, algo que no se quiere mirar porque pondría en trance de locura o de conversión todo una forma de ser y de hacer”. Este clamor llama a nuestras vidas, y en especial a nuestra Iglesia. Es un rugido que no podemos acallar.

Como seguidores de Cristo, como contemporáneos suyos, es tarea irrenunciable discernir y acoger el grito de aquellos que sufren la violencia y están oprimidos por sistemas e intenciones injustas, escuchando también los interrogantes que surgen de un mundo perverso que Dios no puede reconocer como obra suya. La defensa profética de los pobres reclama ojos dolidos para ver las vidas rotas de tantos hermanos; precisa de una mirada crítica para discernir los signos de los tiempos; y exige un corazón convertido para responder con urgencia y radicalidad. Nadie puede responder en mi lugar ante el otro que me sale al encuentro. Los profetas no se cansaron de recordar(nos) la responsabilidad total con el prójimo, la necesidad de abrirnos a él.

La situación nuestro mundo necesita una profunda renovación cultural y el redescubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor. Un mundo nuevo, un proyecto común requiere de verdaderas comunidades de solidaridad que aprendan a contemplar a Dios y al pobre en la misma mirada. Comunidades que en diversos lugares del mundo se entienden así mismas como una sola comunidad, en la que no puede haber pobreza ni desigualdad ni opresión. Donde los bienes son considerados comunes, y comúnmente se decidirá su destino. Comunidades que se viven desde un amor horizontal y fraterno, que se edifican desde la realidad de los más pobres, para que todos seamos una verdadera familia humana. En ellas se encarna la cercanía y acogida de aquellos que son excluidos. Comunidades urgidas por un compromiso con la justicia, desde una solidaridad con los pobres y oprimidos.

Termino con estas palabras del Papa Francisco: “Invito a todas las instituciones del mundo, a toda la Iglesia y a cada unos de nosotros mismos, como una sola familia humana, a dar voz a todas las personas que sufren silenciosamente el hambre, para que esta voz se convierta en un rugido capaz de sacudir al mundo. Roguemos al Señor para que nos conceda la gracia de ver un mundo en el nadie deba morir de hambre”.



 
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