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Fiesta del Bautismo del Señor



12 de Enero de 2014
Redacción
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Comentario a la Fiesta del Bautismo del Señor, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


La fiesta de hoy, Bautismo del Señor, es una nueva “epifanía” = manifestación de Jesús. Con ella concluimos el tiempo de la Navidad.

El episodio del bautismo de Jesús por Juan en el Jordán pertenece, junto con los relatos de la infancia, que hemos revivido durante la navidad, a la primera parte del evangelio de Mateo y en la que pretende contarnos quién es Jesús para prepararnos a escuchar su mensaje.

Se podría decir que este episodio del bautismo es la presentación “en sociedad” de Jesús como HIJO DE DIOS y MESÍAS. Dicha presentación se hace mediante una nueva epifanía. Epifanía que el evangelista escenifica con la apertura de los cielos de donde desciende el Espíritu Santo en forma de paloma que se posa sobre Jesús y de donde viene una voz que dice: Este es mi Hijo, el amado, el predilecto.

Esta epifanía bautismal fue una experiencia decisiva para Jesús, pues, en esos momentos, siente sobre sí todo el amor de su Padre Dios; siente cómo el Espíritu Santo, que es el Amor divino, le invade y se posesiona de él. Jesús vive con toda intensidad su filiación divina como Hijo amado y predilecto de Dios.

Jesús, Hijo de Dios, toma además conciencia intensa de su tarea, de la misión para la que ha sido elegido y “ungido” (Mesías, Cristo). Jesús asume la misión encomendada al Siervo de Dios como proféticamente anuncia el profeta Isaías (1ª lectura): Mirad a mi siervo a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu… Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas.

La misión del “Ungido”, del Cristo, será sanar a los enfermos, liberar a los cautivos y anunciar la buena noticia (evangelizar) a los pobres.

Los evangelistas nos dirán que Jesús, tras su bautismo en el Jordán, lleno de la fuerza del Espíritu, comenzará con ardor su misión de anunciar y hacer presente el reino de Dios.

El libro de los Hechos (2ª lectura) resume de manera inigualable el ministerio de Jesús: Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Celebrar el bautismo de Jesús debe llevarnos a tomar conciencia y a revivir nuestro propio bautismo por el que nos asemejamos a Jesús: hijos de Dios y “cristos”, elegidos y ungidos para la misión.

Hijos de Dios. Como Jesús, también nosotros en nuestro bautismo escuchamos la voz del Padre que nos dice: “Tú eres mi hijo amado”. Leemos en san Juan: Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre: hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos (1 Jn 3,1).

¿Consideramos de verdad que somos hijos de Dios y vivimos, en consecuencia, esta relación filial y se lo agradecemos?

Ungidos. Cuando en el bautismo somos ungidos en la cabeza con el crisma, recibimos la misión de proseguir la tarea iniciada por el Ungido, Jesús. Somos constituidos “cristianos”, seguidores de Jesús, elegidos y destinados a realizar su misma tarea en este mundo: Pasar haciendo el bien y colaborando en la sanación de los oprimidos por el mal.

En el bautismo tiene su raíz el que todo cristiano ha de ser misionero, evangelizador, comunicador de buenas noticias a los demás… Del bautismo brota la exigencia del apostolado del cristiano.

¿Proclamo y anuncio que Jesús es el Hijo amado de Dios y que debe ser el centro de la existencia? ¿”Paso haciendo el bien como Jesús?

 
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