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Ntra. Sra. del Adviento, Virgen del Amén



08 de Diciembre de 2013
Osvaldo Aparicio Jiménez ss.cc.
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Este año la fiesta de la Inmaculada coincide con el segundo domingo de Adviento, lo que nos da ocasión para resaltar a la Virgen María como la gran figura de este tiempo litúrgico y para poder invocarla con toda verdad como Nª Sª del Adviento.


Imagen del cartel anunciador de las fiestas del Colegio SS.CC. de Miranda de Ebro

Festejar que la Virgen es Inmaculada es proclamar que ella, desde su Concepción hasta su Asunción a los Cielos, gozó siempre de la amistad de Dios sin empañarla en ningún momento de su vida, ya que ella es la llena de gracia y la mujer siempre fiel a Dios. Su vida fue un constante “sí” (“fiat”, “hágase”) a la amistad y al diálogo con Dios. María nunca desoyó ni desobedeció su llamada.

La Historia de la Salvación, tanto comunitaria como personal, se realiza en el diálogo de amistad y de salvación que Dios nos ofrece. Somos libres de aceptarlo o de rechazarlo.

Precisamente la Palabra de Dios nos presenta hoy dos ejemplos del diálogo divino-humano. El primero es el diálogo del “no” y el segundo el del “sí”.

El libro del Génesis (1ª lectura), en un precioso lenguaje simbólico, nos presenta a Dios dialogando y ofreciendo su amistad a Adán y a Eva. Poéticamente dice el relato que Dios bajaba con la brisa de la tarde a pasear y a conversar con ellos en el jardín; pero, llega un momento en el que ese diálogo se quiebra: Adán y Eva rechazan la amistad divina como se señala con el símbolo de comer del árbol prohibido. Es el diálogo del rechazo.

No es preciso insistir, pues lo sabemos muy bien, que en este relato del paraíso y del pecado estamos representados todos y cada uno de nosotros: Adán y Eva somos nosotros, es nuestra propia historia y es la historia de la humanidad. Dios nos ofrece su amistad y nosotros la rechazamos cuando comemos del fruto del árbol prohibido, cuando en tantas situaciones de la vida decimos “no” al querer de Dios.

Frente a este diálogo del “no”, el evangelio nos presenta en la escena de la Anunciación el diálogo del “sí” y de la aceptación incondicional de la amistad divina.

Dios baja a dialogar a la ciudad de Nazaret con una virgen llamada María, ofreciéndole su amistad: ¡Alégrate, llena de gracia! ¡El Señor está contigo! Dios le pide además a María su colaboración en el plan de salvación de los hombres y que no es otro que ofrecerles de nuevo su amistad. ¡Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra! Por ello María es también la gran figura del Adviento: nadie como ella nos muestra cómo esperar y anhelar la Venida del Señor; nadie como ella nos indica cómo preparar los caminos de esa Venida; y nadie como ella nos da ejemplo de cómo acoger la amistad/salvación que nos ofrece, aceptándola con un “sí” decidido y alegre.

 
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