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Souvenirs de Irlanda



27 de Noviembre de 2013
Paco Egea Suárez ss.cc.
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Algunos parroquianos de Málaga se extrañaban al enterarse del lugar al que Paco Piñero y yo nos dirigíamos el fin de semana: ¡Dublín! "¿Qué se os ha perdido en Dublín?", espetaban con sorpresa al conocer nuestro destino. De vuelta en el avión me paro a escribir y me doy cuenta de que más que "haber perdido algo" en tierras irlandesas hemos encontrado algo.


Diferentes fotos de nuestros hermanos en Irlanda

Allí, entre la alfombra verde que cubre el suelo irlandés, la Congregación se encontró con un joven larguirucho de un pequeño pueblo llamado Roscommon. Para quienes hemos tenido la suerte de conocerle Ultan ha sido un hermano especial, ya sea por su forma de ser como por su testimonio. En estos días hemos podido comprobar lo querido que es, que oportunamente podría interpretarse como un indicador del bien que hace a su alrededor.

El bueno de Ultan realizó en su día una primera tentativa de formar parte de nuestra familia, pero no cuajó. Años después, con la vida ya resuelta, sintió que debía volver a intentarlo, pues la llamada del Señor persistía. No tuvo más remedio que ponerse a aprender castellano, pues le advirtieron de que el noviciado tendría que realizarlo en Sevilla, en nuestra Parroquia de San Marcos. Y así fue como en nuestra Provincia nos encontramos con él. Más tarde su vida religiosa ha discurrido entre Irlanda, Inglaterra e incluso Indonesia y Filipinas. Durante estos años siempre ha procurado estar presente en los encuentros de formación inicial que hemos tenido.

Sabemos que estos encuentros han sido de gran ayuda a Ultan, que como cualquier otro religioso joven también necesita sentirse acompañado por otros jóvenes que compartan la misma vocación. En ellos Ultan ha sido tan generoso como el que más, compensando las limitaciones del idioma con una transparencia que resulta más elocuente que muchas palabras. Por eso algunos hermanos, al igual que en sus votos perpetuos, quisimos acompañarle en esta ocasión tan señalada.

Él quería ordenarse y celebrar la primera misa en su pueblo… y lo consiguió. Es más, logró ser noticia en el pueblo, que con carteles anunciadores y banderines dejaba claro que Roscommon estaba de fiesta. Nos avisaron del frío que haría en la hermosa iglesia donde tendría lugar la celebración, la misma en la que Ultan dio sus primeros pasos en la fe. Sin embargo, no fue para tanto. Seguramente el calor del Espíritu tendría algo que ver.

Presidía Pat Lynch, que además de obispo es un hermano de la congregación. La liturgia estuvo cuidada de forma exquisita y los dos coros de la parroquia, cada uno a su estilo, rayaron a gran altura. Entre el inglés y en menor medida el gaélico, se escucharon algunas palabras en castellano que Ultan quiso dirigirnos a sus hermanos y hermanas de España. Al final de su primera misa incluso se cantó en el idioma de Cervantes, pues el recién ordenado sacerdote quería rezar a María en nuestra lengua. Con menos tino que los dos coros locales, hicimos lo que pudimos.

Tras cada una de las dos celebraciones Ultan dio la bendición imponiendo las manos a todo aquel que quiso acercarse a recibirla. Para los españoles se trataba de un gesto desconocido, pero no dudamos en participar de él. Más tarde seguimos sumergiéndonos en la cultura irlandesa a través de su gastronomía y el baile, aunque en esto último ya solo participamos los más atrevidos.

Sin duda han sido unos días intensos en el que, además, hemos podido conocer un poco mejor nuestra congregación. Nuestra presencia Sagrados Corazones en aquel país (de una arraigada tradición católica) ha ido disminuyendo progresivamente hasta quedar reducida a algo menos de una veintena de hermanos y hermanas. A pesar de su avanzada edad, y al igual que hacemos aquí en nuestra Provincia, cada uno de ellos intenta vivir el carisma y la misión que nos trasmitieron nuestros fundadores y en que profesamos querer vivir y morir. En medio de este contexto aflora la vocación de nuestro hermano y sacerdote Ultan, que arraigado en Cristo y firme en la fe, se convierte en signo profético y de esperanza para muchos.

Querido hermano Ultan, que el Señor te siga bendiciendo a su manera, desafiándote y sorprendiéndote, para seguir ensanchando tu corazón. Entonces vivirás habitado por Él y tus pobres manos serán dignos instrumentos de su gracia. Desde nuestra Provincia Ibérica seguiremos rezando para que sea Él quien te sostenga.

     
 
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